Las conversaciones crean empresas

El ordenador portátil y el teléfono móvil, son instrumentos que permiten tener la oficina en cualquier lugar; pero la legislación laboral impide la movilidad. La idea de un trabajo para toda la vida con vacaciones, pagas y horario fijo, es cada vez más difícil de conseguir. Es cierto que las leyes laborales tienen que cambiar. Pero ¿cómo?

En este momento de cambio, sin una transformación personal, el cambio hacia otra forma de hacer las cosas no es posible, porque necesita principalmente de una actitud frente a la sociedad y resulta difícil entender que la cambiarán aquellos que están en posiciones de información y control privilegiadas.

Ahora, después de varios meses, tengo la sensación que todo el empuje frente a la crisis ha finalizado. Pocos creen en el funcionamiento de las medidas adoptadas, como si pensaran que se han equivocado o que es mejor dejarlo todo como está. No hacer nada, por si acaso se estropea el tema social. Como si no estuviera suficientemente estropeado.

Si éramos poco productivos durante el periodo de bonanza, ahora en crisis, lo somos mucho menos. Mantenemos una gran diferencia entre remuneraciones, se ha producido un incremento de capital humano sin cualificar que ahora no ve ubicación. Y además, los expertos indican que la falta de población con formación y nivel educativo intermedio es responsable del desajuste laboral y de las bajas remuneraciones para los universitarios. Un desastre.

Desde hace años el “
modelo productivo” lo estamos cambiando un conjunto de personas entusiasmadas con el desarrollo de las TIC. Personas que las utilizamos cada día, que creemos en ellas y no cuestionamos si son o no son un “modelo” para el desarrollo. El problema radica en no entenderlas, no conocer qué podemos hacer con ellas para conseguir nuestros objetivos. Aunque Internet no sólo es una herramienta para las empresas, sino para las personas, está facilitando el cambio, pero este es lento y no asimilado por todos al tiempo. Pero se producirá.
Porque si antes decíamos que las empresas eran personas, ahora decimos que las conversaciones crean empresas
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